De la frustración a la felicidad en dos pasos. El rechazo a una propuesta que presenté para crear la sección universitaria en el diario El Sur de Concepción, fue el detonante de una desagradable sensación de absoluta y completa frustración, la misma que sentí cuando no fui seleccionado para trabajar en la dirección nacional de voluntariado del Hogar de Cristo, frustración que siento cada vez que me acuerdo de la propuesta para la creación del departamento de responsabilidad social de mi universidad, que hace más de un año le presenté al rector y que aún sigue durmiendo en algún cajón de su oficina, si es que no lo han botado a la basura. Frustración por la imposibilidad de concretar una oferta de trabajo, que me hizo un colega de Puerto Montt para instalar nuestra oficina en esa ciudad, que aunque sigue vigente se ha pospuesto exasperantemente una y otra vez.
Esta maldita sensación de frustración estaba acompañada de muchos cuestionamientos respecto de mi vocación de servicio, de mi interés por entregarme a quienes más lo necesitan, de mi opción de trabajar, incluso gratis, para las personas que no tienen el dinero suficiente para pagar un buen abogado, y por sobre todo, cuestionamientos a mi constante esfuerzo por generar condiciones que desde la universidad contribuyan directamente al beneficio de la comunidad y al desarrollo del país.
Cuando la mayoría de mis amigos ya están embarcados en sendos proyectos tanto de vida como profesionales, me sentí absolutamente fuera de lugar, pues sigo viviendo en la casa de mis padres, sin un trabajo estable, sin un proyecto de vida motivante, mis sensaciones eran de completa inutilidad, y no era sólo eso, también me sentía cansado, triste, enojado incapaz de dar un cambio radical en mi vida, sentí que ya no quería seguir preocupado por los temas que me han movido los últimos años de mi vida, llegué a pensar que mi vocación de servicio era un gran desperdicio de tiempo y que había tirado a la basura mucha energía. Esta semana debe haber sido una de las peores de los últimos años, estaba enojado, dolido con todos y con nadie a la vez.
Mis amigos trataban de darme ánimos y hacerme cambiar de actitud, pero yo no escuchaba, era mi minuto de mandar todo y a todos a la mierda, y los mandé no más, porque realmente no quería hablar por mi cabeza se repetía una y otra vez una sola gran pregunta ¿y de qué me ha servido tratar de ser buena persona? Y aún cuando tenía más que claro que esta actitud no me iba a llevar a ninguna parte, era mi semana de furia.
Como nada es absoluto, y no hay mal que dure cien años, ni persona que lo resista, a pesar de la actitud negativa, sólo fue necesario dar dos pasos para recuperar el foco y la lucidez. Por una parte los ex coordinadores de la oficina Concepción de un Techo para Chile nos juntamos en la Hacienda Rucamanqui, durante todo un fin de semana pelamos el cable, descansamos, comimos y bebimos, pero por sobre todo potenciamos nuestras energías positivas, es tanta la buena onda que generó y que genera este grupo humano que para todos los que tuvimos la suerte de ir significó una tremenda inyección de optimismo y nuevos bríos. Una experiencia absolutamente necesaria para continuar día a día a estas alturas del año. Y aunque físicamente los tres días de reunión fueron agotadores, la belleza del lugar, la comodidad de la cabaña, pero por sobre todo el gran cariño de estos amigos fue el primer paso para empezar a despejar la nube negra que por esos días estaba posada sobre mi cabeza.
El segundo paso fue mantener un pequeño espacio de actitud positiva durante todo el tiempo que duró mi mala onda, ese espacio lo reservé para Paula. A ella la conocí hace un par de años cuando compartía casa con una querida amiga mía y aunque habíamos estado juntos varias veces bebiendo unas copas, las mayores referencias las tenía por voz de mi amiga. Así pude enterarme que Paula era una bella persona, extremadamente comprometida, jugada por la integración, responsable en sus trabajos etc, etc. Reconocer en ella a una persona activa y por sobre todo coherente me generaba profundos sentimientos de admiración y respeto.
Cuando preparaba una de mis últimas propuestas universitarias no aceptadas, me junté con Paula a tomar un café, me interesaba conocer y tener la perspectiva de una joven que siendo profesora diferencial trabaja con niños especiales, da clases en la universidad, cursa un magíster y trabaja activamente por la integración de los sordos en nuestra sociedad. Ella a priori, tenía el perfil ideal para ser una importante fuente de inspiración para mi propuesta. Al final, sin quererlo terminó inspirando mucho más que la propuesta.
Ese café fue la excusa y el punto de partida para una larga conversación que se extendió en los días posteriores, y aunque físicamente nos vimos poco por nuestras responsabilidades particulares, el contacto se intensificó fuertemente a través del teléfono y msn. Gracias a ello me enteré que los sentimientos de admiración y respeto que yo tenía por Paula, ella también los tenía hacia mí.
Cuando nos juntamos otra vez pasó lo que tenía que pasar y definitivamente nos encantamos. Inexplicablemente en pocos días se desarrollo una muy buena química, la de dos personas que simplemente intentan ser buenas personas. Desde ese día no nos hemos separado, hoy estamos juntos, viviendo una etapa de cariño, tranquilidad, madurez y confianza que hace mucho ninguno de los dos vivía. Hoy siento que la hago feliz, siento que me hace feliz y eso nos alegra la vida. Después de tanto maldecir por mi mala suerte, me como mis palabras y parece que efectivamente si sirve tratar de ser buena persona.


1 comentarios:
Pero JP, que más puede decirte este trotamundos, que más puedo desearte que no sea la felicidad con esta mujer que te esta haciendo vivir por los poros!
Mis respetos, no debe haber sido facil aguantar tanta mala pata.
Un abrazo.
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